Uso de la Bandera Argentina en lugares públicos y privados
A continuación una pequeña reflexión de la mano de Marcelo Pellegrini, de Ceremonial y Protocolo de la Honorable Cámara de Diputados de Corrientes. “No hay dudas que el ser humano está llamado a manifestarse, expresarse, en definitiva a comunicarse por su propia naturaleza social. Para ello, se vale de su propio lenguaje, de gestos, ademanes, actitudes y símbolos.
Si hablamos de identidad nacional, reconocemos por encima de cualquier otro, a nuestros Símbolos Patrios; La Bandera Nacional, El Himno Nacional y el Escudo Nacional.
A pretexto de estar culminando el año del Bicentenario de la creación de nuestra Bandera Nacional, creo conveniente repasar sobre su tratamiento y honores. Como manera a su vez, de contrarrestar el creciente relativismo que desfigura o desconoce a nuestros valores patrios. Sin tener cuidado, que el ejercicio activo de los mismos sostiene la vigencia de nuestras normas fundamentales, sobre las cuales rige el funcionamiento de nuestro Estado.
En tiempos de nuestra naciente patria, un hombre destacado como intelectual, economista, periodista, político, abogado y militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, llamado Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, se esforzaba por identificar a las tropas patriotas que luchaban contra los realistas, fue así que un 18 de mayo de 1812 (día de la Escarapela) obtiene la aprobación de la Escarapela Nacional, color celeste y blanca como distintivo patrio. Desde allí su uso como distintivo de júbilo, colocada sobre el lado izquierdo del pecho, al igual que las condecoraciones honorificas. Ya que el lado derecho del pecho, es reservado en las fuerzas para identificar el Arma, Brigada, Jefatura, Especialidad o Área a la que pertenece el personal.
La Bandera Nacional, enarbolada por primera vez un 27 de febrero de 1812 a orillas del Rio Paraná frente las Baterías Libertad e Independencia que comandaba Manuel Belgrano, fue consagrada con los mismos colores, "celeste y blanco", por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816 y ratificada por ese mismo órgano, pero en Buenos Aires, un 25 de febrero de 1818.
Aquel hecho, es parte de los considerandos del Decreto Ley 10302 del año 1944, que establece a la Bandera Nacional como símbolo patrio, junto al Himno Nacional y al Escudo.
Mucho se ha dicho y escuchado, sobre todo en nuestras escuelas primarias, sobre el porqué de los colores celeste y blanco de nuestra Bandera Nacional. Pero es importante tener en claro que el propio Manuel Belgrano los propuso, al igual que para la escarapela argentina (azul celeste), de un color azul próximo al turquesa. Si nos ubicamos en un contexto temporo-espacial (remontándonos a aquellos años) se presentaba muy difícil conseguir paños de color azul celeste o turquesa, entonces de acuerdo a las posibilidades que se presentaban, se usaba el color azul o el color celeste. Dando origen a una confusión, que se prolongaría no hasta hace mucho tiempo.
Es común explicar que Belgrano se inspiró en los colores del cielo para los colores de la Bandera Argentina. Sin embargo, respaldadas versiones, aseguran que Belgrano se inclinó por dichos tonos porque eran los colores de la Orden de Carlos III de la Casa de Borbón, la cual gobernaba España. Los colores coinciden con varias advocaciones de La Virgen, cuyos mantos son o han sido albicelestes; en rigor ninguna de las teorías se contradicen ya que los colores del cielo representan al manto de la Inmaculada Concepción de La Virgen, cuyos colores fueron elegidos por la dinastía borbónica para su presentación más importante: la Orden de Carlos III. Hay que tener en cuenta que de esta misma condecoración surgió durante las Invasiones Inglesas la Escarapela y el Penacho (adorno de pluma del sombrero) del Regimiento de Patricios.
Sobre el sol en nuestro símbolo magno
Desde el año 1985 mediante la ley 23.208 el uso de la bandera oficial con sol (de la primera moneda argentina con los treinta y dos rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente, en amarillo oro) es un derecho para Gobiernos Federal y Provinciales, como así también para los particulares. Debiéndosele rendir siempre el condigno respeto y honor. El uso de la bandera sin sol, se ocupa para adorno de fachadas de edificios, vehículos y comercios.
Recientemente en el año 2010, en vísperas del Bicentenario de la Patria. Mediante el Decreto 1650, se pone fin a las imprecisiones que en esta materia se daban fundamentalmente sobre el color, pero también sobre las características de la tela, las medidas y accesorios de la Bandera. Entonces, el Decreto 1650 regula con precisión lo establecido en el Decreto Nº 10.302 del 24 de abril de 1944, específicamente sobre las características técnicas de nuestro Símbolo Nacional, el de izar y el de Ceremonia. A su vez, esta norma dispone que las reparticiones y organismos nacionales, provinciales, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipales deban regularizar las Banderas Nacionales a ser utilizadas en los mástiles antes del 9 de julio de 2016 (Bicentenario de nuestra Independencia Nacional).
Como en estos tiempos en que vivimos es un lamentable hábito rehuir a lo trascendente, se vuelve casi normal que cada vez, a menos argentinos nos sorprenda como nuestros conciudadanos continúan su apresurado transitar, mientras observan de reojo el izamiento o el arrió de nuestra Bandera Nacional, frente a nuestros edificios públicos, generalmente en las escuelas. Es más común, ver Banderas de equipos deportivos o de partidos políticos en expresiones grupales o sectoriales, generalmente mezclando la efervescencia circunstancial con el sentimiento de identidad nacional.
Si hablamos de identidad nacional, reconocemos por encima de cualquier otro, a nuestros Símbolos Patrios; La Bandera Nacional, El Himno Nacional y el Escudo Nacional.
A pretexto de estar culminando el año del Bicentenario de la creación de nuestra Bandera Nacional, creo conveniente repasar sobre su tratamiento y honores. Como manera a su vez, de contrarrestar el creciente relativismo que desfigura o desconoce a nuestros valores patrios. Sin tener cuidado, que el ejercicio activo de los mismos sostiene la vigencia de nuestras normas fundamentales, sobre las cuales rige el funcionamiento de nuestro Estado.
En tiempos de nuestra naciente patria, un hombre destacado como intelectual, economista, periodista, político, abogado y militar de las Provincias Unidas del Río de la Plata, llamado Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, se esforzaba por identificar a las tropas patriotas que luchaban contra los realistas, fue así que un 18 de mayo de 1812 (día de la Escarapela) obtiene la aprobación de la Escarapela Nacional, color celeste y blanca como distintivo patrio. Desde allí su uso como distintivo de júbilo, colocada sobre el lado izquierdo del pecho, al igual que las condecoraciones honorificas. Ya que el lado derecho del pecho, es reservado en las fuerzas para identificar el Arma, Brigada, Jefatura, Especialidad o Área a la que pertenece el personal.
La Bandera Nacional, enarbolada por primera vez un 27 de febrero de 1812 a orillas del Rio Paraná frente las Baterías Libertad e Independencia que comandaba Manuel Belgrano, fue consagrada con los mismos colores, "celeste y blanco", por el Congreso de Tucumán el 20 de julio de 1816 y ratificada por ese mismo órgano, pero en Buenos Aires, un 25 de febrero de 1818.
Aquel hecho, es parte de los considerandos del Decreto Ley 10302 del año 1944, que establece a la Bandera Nacional como símbolo patrio, junto al Himno Nacional y al Escudo.
Mucho se ha dicho y escuchado, sobre todo en nuestras escuelas primarias, sobre el porqué de los colores celeste y blanco de nuestra Bandera Nacional. Pero es importante tener en claro que el propio Manuel Belgrano los propuso, al igual que para la escarapela argentina (azul celeste), de un color azul próximo al turquesa. Si nos ubicamos en un contexto temporo-espacial (remontándonos a aquellos años) se presentaba muy difícil conseguir paños de color azul celeste o turquesa, entonces de acuerdo a las posibilidades que se presentaban, se usaba el color azul o el color celeste. Dando origen a una confusión, que se prolongaría no hasta hace mucho tiempo.
Es común explicar que Belgrano se inspiró en los colores del cielo para los colores de la Bandera Argentina. Sin embargo, respaldadas versiones, aseguran que Belgrano se inclinó por dichos tonos porque eran los colores de la Orden de Carlos III de la Casa de Borbón, la cual gobernaba España. Los colores coinciden con varias advocaciones de La Virgen, cuyos mantos son o han sido albicelestes; en rigor ninguna de las teorías se contradicen ya que los colores del cielo representan al manto de la Inmaculada Concepción de La Virgen, cuyos colores fueron elegidos por la dinastía borbónica para su presentación más importante: la Orden de Carlos III. Hay que tener en cuenta que de esta misma condecoración surgió durante las Invasiones Inglesas la Escarapela y el Penacho (adorno de pluma del sombrero) del Regimiento de Patricios.
Sobre el sol en nuestro símbolo magno
Desde el año 1985 mediante la ley 23.208 el uso de la bandera oficial con sol (de la primera moneda argentina con los treinta y dos rayos flamígeros y rectos colocados alternativamente, en amarillo oro) es un derecho para Gobiernos Federal y Provinciales, como así también para los particulares. Debiéndosele rendir siempre el condigno respeto y honor. El uso de la bandera sin sol, se ocupa para adorno de fachadas de edificios, vehículos y comercios.
Recientemente en el año 2010, en vísperas del Bicentenario de la Patria. Mediante el Decreto 1650, se pone fin a las imprecisiones que en esta materia se daban fundamentalmente sobre el color, pero también sobre las características de la tela, las medidas y accesorios de la Bandera. Entonces, el Decreto 1650 regula con precisión lo establecido en el Decreto Nº 10.302 del 24 de abril de 1944, específicamente sobre las características técnicas de nuestro Símbolo Nacional, el de izar y el de Ceremonia. A su vez, esta norma dispone que las reparticiones y organismos nacionales, provinciales, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y los municipales deban regularizar las Banderas Nacionales a ser utilizadas en los mástiles antes del 9 de julio de 2016 (Bicentenario de nuestra Independencia Nacional).
Como en estos tiempos en que vivimos es un lamentable hábito rehuir a lo trascendente, se vuelve casi normal que cada vez, a menos argentinos nos sorprenda como nuestros conciudadanos continúan su apresurado transitar, mientras observan de reojo el izamiento o el arrió de nuestra Bandera Nacional, frente a nuestros edificios públicos, generalmente en las escuelas. Es más común, ver Banderas de equipos deportivos o de partidos políticos en expresiones grupales o sectoriales, generalmente mezclando la efervescencia circunstancial con el sentimiento de identidad nacional.


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