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domingo, 23 de diciembre de 2012

EL ALMA DEL EQUIPO DE BÁSQUET DEL CENTRO DE EDUCACIÓN FÍSICA 17

El capitán al que la silla de ruedas no le impide volar

Cuando tenía 11 meses Jorge Zalazar contrajo una enfermedad que le quitó la posibilidad de caminar. El deporte le permitió superar los bajones anímicos de la adolescencia. Su equipo es subcampeón a nivel país. Su sueño: fabricar sillas para incentivar a los niños con discapacidad a practicar esta disciplina.
Jorge Zalazar nació en Santiago del Estero pero vive en Corrientes hace unos 20 años. Cuando tuvo 11 meses contrajo poliomielitis, enfermedad que le impidió caminar. En la adolescencia sufrió una depresión por su situación de discapacidad; sin embargo se abocó al deporte y hoy lo ubica como un enérgico capitán de básquet en silla de ruedas. Mediante su actitud inquebrantable, logró colocar al grupo que comanda en el Centro de Educación Física Nº17 subcampeón a nivel país.
¿Qué te trajo a estos lugares Jorge?
Andaba por Misiones practicando deportes y conocí una correntina y así me quedé. Ya hace 20 años vivo acá; con ella tuve una hija que ahora tiene 14 años, pero me separé hace 9, nos llevamos bien. Es más, el otro día me preguntaba 'Jorge, qué te pasa que te veo como deprimido'. Yo sólo estaba cansado.
¿Dónde vivís, cómo llegás hasta el Centro para entrenar?
Yo me manejo solo. Vivo cerca de la terminal y por ahí, algún amigo que anda en camioneta y vive cerca de casa me lleva. Pero sino corro unos 8 o 10 kilómetros en la silla y lo uso como entrenamiento, para sentirme con mayor potencia.
¿Te dedicás a otra actividad, de qué vivís?
Tengo una pensión y con eso me mantengo, a pesar de que vivo de alquiler y cuesta bastante caro mantenerse. Pero toda la plata que pueda hacer la dedico al deporte. Hice todas las clases que pude: lanzamiento de disco, pesas, esgrima. Después empezó a ponerse caro todo eso y me quedé con el básquet. El año pasado me puse a jugar con los chicos de Chaco, pero cuando me salió lo de las sillas acá, no lo dudé.
¿Cómo concretaste conseguir las sillas?
Me costó como ocho años. Un día me llamó el ministro de Gobierno (Gustavo) Valdés y me dijo 'vení que me llegaron' y yo le dije no te creo nada. Hasta que las vi y no lo podía creer. Armamos el equipo y nos pusimos a entrenar desde noviembre del año pasado.
¿Cómo te detectaron la enfermedad que te impidió caminar?
A los 11 meses de edad me agarró la “polio”. Siempre recuerdo cuando mis padres me llevaban a hacer kinesiología, masajes y todo el tratamiento. Después a los 14 años empecé a hacer deportes y me cambió la vida.
¿Alguna vez te pesó tu condición?
Al principio, cuando tenía 14 años, hasta los 16 años tenía vergüenza. Después empecé a salir con mis compañeros; a irnos de viaje y todo eso desapareció con el deporte. Lo que más hacia era practicar. Y así competimos en las nacionales. Practicaba todo lo que podía y ocupaba mi tiem
po en eso. A los 16 años me sucedió y después nunca más y si tengo un problema, lo olvido con el deporte.
¿El deporte siempre canalizó todas tus energías?
Eso y arrastrar a mis compañeros. Siempre los perseguía, les hacía correr por todos lados para sacarme la pelota y ellos se entusiasmaban. Hasta que ellos entraban en conciencia, ritmo y ahora viste cómo juegan. Pero en realidad es un trabajo en conjunto, todos ganamos en equipo, y claro, encontramos una táctica entre uno y otro que rebota lindo y nos complementamos.
¿Alguna vez tuviste ganas de trabajar en otra cosa?
Tengo un sueño que es hacer sillas de ruedas para entrenar chicos desde los cinco años. Yo creo que eso les cambiaría la vida. He visto gente, amigos con exceso de peso, otros que no se podían mover y hoy gracias a Dios tienen para correr dos o tres equipos juntos.
¿Sos creyente? ¿Qué balance hacés en estas fechas de Navidad?
Sí, soy católico y siempre estoy conectado con mi familia, cada tres meses voy a Santiago. Tengo nueve hermanos, mi mamá falleció hace 4 años mi viejo hace 22. En mi familia cuando uno tiene un problema todos están allí. Somos más de 150 personas entre primos, hermanos, sobrinos, los hijos de sobrinos, pero todos muy unidos.
¿Qué te viene a la cabeza con el Centro de Educación Física 17?
Cinco años jugué en Chaco y cuando salieron las sillas, le informé al grupo que ese sería el último año que jugaría con ellos. El equipo era Sol Naciente, entrenábamos tres veces a la semana en el hospital Perrando, ahora supe que estaban medio separados, pero no puedo dejar todo lo que logramos acá porque nos costó mucho.
¿Qué significa la amistad?
Tiene que ser sagrada. Es como la familia. Como ahora con nuestro grupo, hacemos comilonas cada vez que podemos, Guillermo, un amigo que hoy no vino, me preguntó cuándo te vas a Santiago y yo le dije mañana y bueno vamos a hacer un asado el jueves, me dijo. Así es nuestra amistad.
Imagino que no todos aceptan estar en una situación como la tuya, ¿no?
Hay mucha droga, mucho alcohol. La gente trata de olvidar así y yo les digo subite en la silla de ruedas y vení, vamos a practicar y a muchos les cambia la vida.
¿Cómo definirías al deporte?
No tiene nombre porque cuando a uno le gusta haría cualquiera, simplemente por practicarlo.

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