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viernes, 11 de enero de 2013

Las supermodelos ochentosas, diosas del Olimpo

Las top fueron tales en las décadas del 80 y 90. Antes y después, el mercado de la moda rehusó conferirles tanto poder y dinero. Quiénes son, en una galería de fotos.
 
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Un metro ochenta de altura, un contorno idealizado de 90-60-90 centímetros, sonrisas amplias, mirada encantadora: el ABC de una supermodelo. Fotogenia, ambición, tenacidad, son otros requisitos. Y fundamentalmente, una época: las top fueron tales en las décadas del 80 y 90. Antes y después, el mercado de la moda rehusó conferirles tanto poder y dinero a las diosas del Olimpo.
Corrían los años 80 cuando los cuerpos saludables y atléticos eran sinónimo de belleza y deseo. Las adolescentes que se convertirían en supermodelos encarnaban este ideal físico: desde Elle Macpherson hasta Cindy Crawford, eran amantes del deporte, tenían curvas y músculos. Nada de siliconas ni cirugías estéticas, y mucho de auténtico esfuerzo por optimizar sus cuerpos a través del movimiento.
Las futuras Walkirias de la moda empezaron participando en concursos de belleza cuando tenían alrededor de 17 años, o bien eran detectadas y abordadas en la vía pública por reclutadores de agencias de modelos. En los medios masivos de comunicación tendrían luego un grado de exposición inédito hasta ese momento para una modelo. Con su presencia magnificada en revistas, avisos publicitarios, spots televisivos y campañas gráficas, parecía que las beldades estaban en todos lados, y no sólo luciendo ropa y cosméticos.
Pasión por los récords parecen haber tenido estas jóvenes, una suerte de don para superar plusmarcas de belleza, así como para desplegarse de forma superlativa: a las actividades del modelaje les anexaron incursiones en la música y la actuación, y osaron crear empresas propias.
El nombre de pila de cada supermodelo se convertiría en su marca registrada. Es decir, bastaba con decir “Naomi” para que cualquier adolescente imaginara a la escultural inglesa Naomi Campbell que abrió camino a sus colegas afroamericanas en un mundo -la moda- que se proclama sin prejuicios sexuales pero aún lidia con los raciales.
Oportunamente, directivos de la agencia norteamericana de modelos Elite, cuna de supermodelos como Cindy, Linda Evangelista, Stephanie Seymour, definieron que una top es aquella modelo a la que el público fuera del ámbito de la moda puede reconocer y nombrar como si se tratara de una marca, dellegada masiva y al mismo tiempo, codiciada. Cindy, Elle, Claudia, Naomi: sus nombres son suficiente para que su generación -gente en torno a los 40 años- sepa quiénes son.
En una magistral lección de marketing, la imagen de las supermodelos sirvió para vender de todo: automóviles, azúcar, café, carteras, cerveza, cremas, champagne, champú, hoteles, jabones, lácteos, maquillaje, perfumes, pizza, relojes, ropa interior, tarjetas de crédito, trajes de baño, zapatos… Hasta entonces era inimaginable que una misma persona sedujera con igual credibilidad enfundada en un pantalón de jeans o un traje de alta costura, como hacía Claudia.
Las supermodelos unidas, como fenómeno grupal poderoso, lograron una sinergia ideal en 1990, cuando la revista “Vogue” británica, consagrada e imitada en el mundo de la moda, dedicó su portada de enero a Naomi, Cindy, Linda, Christy Turlington y Tatjana Patitz, retratadas por el fotógrafo Peter Lindbergh. Con rostro y torso en primer plano, ellas constituían la noticia, como si se tratara de estrellas del espectáculo, y no la ropa que lucían, que consistía en sencillos t-shirts drapeados y jeans.
Poco después, las cinco beldades protagonizaron el video de la canción “Freedom! ’90″ de George Michael, donde no sólo posaban sino que entonaban la letra, interpretándola con sensualidad. Gianni Versace, el modisto italiano que osaba mezclar estridentes colores y estampados barrocos, fue el visionario que las entronó como grupo unido, haciendo desfilar a Naomi, Linda, Cindy y Christy tomadas del brazo ese mismo año 1990, tarareando el tema de Michael.

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