Marca personal. El secretario de Seguridad Sergio Berni, ayer,
con el helicóptero que trasladó a un herido.
El comisario Enrique Capdevila se va desconcertado por una paradoja que se muerde la cola: llegó por la calle, y la calle se lo llevó . Cuando asumió, en diciembre de 2010, era jefe de la Dirección General de Orden Urbano, un área con una fuerte presencia en la calle. Aquello sucedió tras los episodios del Parque Indoamericano, que terminaron con tres muertos y con la gestión del entonces jefe Néstor Vallecca, ungido por Néstor Kirchner en 2003.
Capdevila fue visto entonces como un oficial con mando de tropa y experiencia en el cuerpo a cuerpo de las manifestaciones, marchas y piquetes diarios, que ya le habían tomado el pulso a la ciudad. Movilizaciones como las de la noche del miércoles, que terminaron con serios incidentes frente a la casa de la Provincia de Tucumán y en los alrededores del Obelisco. Esos disturbios echaron, ahora, al jefe que le debía su puesto a su presunta pericia para enfrentarlos.
Lo que sucedió entre medio es una larga saga de cuestionamientos internos, dilemas sin resolver y un Ministerio de Seguridad partido en dos desde la llegada del secretario Sergio Berni.
Berni es un ministro sin cartera que asumió en el día a día el control absoluto de la Federal . Irrumpió con línea directa a la Presidenta y allí se instaló entonces, ante la desconfianza inicial y la resignación posterior de la ministra Nilda Garré, que fue viendo cómo de la noche a la mañana la Federal se acomodaba a un esquema operativo proveniente de órdenes que ella no daba .
Berni montó su ministerio paralelo en una sede propia –en el Bajo, más cerca de la Casa Rosada que el palacete de Gelly y Obes donde habita el ministerio oficial de Garré– y tejió un entramado de relaciones en la Federal que reconoce nombres propios pero no jerarquías . “Berni llama al tipo que necesita en el momento en que lo necesita. No importa la hora ni el cargo que ocupa. Y esto implica puentear a todos los jefes del tipo al que llama, todas las veces que sea necesario”, explicó una fuente que conoce los movimientos del secretario. “Tenés que ser muy especial para que, en una fuerza verticalista, esto no te afecte, aunque sea, el orgullo personal”, especuló la fuente.
En la práctica, el jefe Capdevila se enteraba por sus subordinados de cosas que ellos habían hecho sin que él se las ordenara. Y de las que ni siquiera estaba informado . Eso fue limando la relación con el secretario Berni, al que la Federal había recibido con alegría. En el Ministerio que formalmente conduce Garré dicen que esa recepción se debió a que la Federal sintió que habría menos control externo de la fuerza, y entonces se alineó rápido al nuevo secretario. Desde la otra orilla aseguran que la fuerza sentía, en realidad, que recuperaba jerarquía y tendría en Berni un oído sensible a sus reclamos.
Garré comenzó entonces a correrse de la Federal, hasta quedarse únicamente con las tareas administrativas. Compras de insumos y nombramiento de personal siguen dependiendo de ella, mientras se refugia operativamente en las fuerzas en las que confía: Gendarmería y Prefectura. Ayer contestó en un acto público que no hablaría sobre la renuncia en la Federal: una respuesta sólo entendible si quien contesta piensa que le preguntan sobre algo que no es de su área .
Berni hace y deshace con un fuerte aval presidencial, y el jefe Capdevila notó que quedaba pedaleando en el vacío . El “bienvenido secretario” era ahora un jefe pleno y con llegada propia a la tropa, y la ministra una funcionaria despechada que le daba la espalda.
Tras los episodios del miércoles, Capdevila sintió, además, que lo cuestionaban desde abajo y desde arriba . Sus subordinados le reclamaban porque en la Casa de Tucumán los manifestantes los apedreaban y ellos tenían prohibido reprimir. Y después lo recriminaron desde arriba por el desmadre de la marcha de los hinchas de Boca, que se fue de control a una hora exacta en que la Policía parecía estar a la deriva . Garré desentendida por la irrupción todopoderosa de Berni; Berni concentrado en la Casa de Tucumán, y el jefe Capdevila ninguneado por ambos. Cuatro fuentes hablan de una “fuerte discusión” entre el jefe y Berni a la medianoche, que hizo que Capdevila se fuera a dormir con la renuncia redactada.
Berni se levantó ayer, oyó que el jefe se iba y ni se inmutó . Apareció en moto y sin casco, con camisa rosa y guantes de cirujano, en el tiroteo del microcentro. Allí enfrentó a las cámaras y les mandó una cálida señal a sus muchachos de la gorra, esos que ya ni consultan a Garré.
“Quiero llevarle tranquilidad a toda la familia policial” , dijo, con la excusa de que se refería a un sargento herido y fuera de peligro.
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