Messi se tapa la cara por el dolor y los
médicos del Barcelona
lo atienden en el campo de
juego.
Lionel Messi estuvo tan cerca
y tan lejos al mismo tiempo del record que ya nada sorprende en la carrera del
astro rosarino. Estaba todo preparado para una fiesta y que la Pulga alcanzara
los 85 goles en un año e igualar la marca del alemán Gerd Müller. Tito Vilanova
lo dejó todo el primer tiempo en el banco de suplentes ante Benfica y lo soltó a
la cancha a los 13 minutos del segundo tiempo.
Como siempre, merodeó el gol
con un par de tiros libres. Y a los 40 quedó mano a mano tras un gran pase de
Piqué. Intentó la gambeta larga ante el arquero Artur, pero el del Benfica, en
su afán por evitar el gol, salió con vehemencia y se lo llevó puesto. La rodilla
izquierda le quedó trabada en el pasto a la Pulga, que de todas maneras giró y
sacó un remate de zurda que el arquero contuvo.
Tras la jugada, Messi se tiró
al césped en el área rival. Enseguida advirtió con un claro gesto de dolor al
banco de suplentes de Tito Vilanova, que se comía las uñas mientras los médicos
corrían desesperados sobre el césped del Camp Nou.
Messi se tomaba la rodilla
izquierda con las dos manos. Se tapaba la cara, y no lo podía creer. El gesto
parecía elocuente, la preocupación por una lesión de gravedad enmudeció a un
estadio que esperaba gritar un gol de su ídolo máximo y se fue en silencio
(terminó 0-0).
Messi salió en camilla y
enseguida se lo llevaron al vestuario. Ahora se someterá a los estudios de rigor
para determinar la gravedad de su lesión.
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