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lunes, 10 de diciembre de 2012

POR AGUSTIN GOMEZ
“Construirán un reactor nuclear que será riesgoso para Corrientes”

 

El biólogo y activista cordobés, Raúl Montenegro, estuvo en Corrientes para alertar sobre proyectos que impactarían en el ambiente y la población.

Raúl Montenegro es el único argentino que ha sido condecorado con el premio Nobel Alternativo (2004). Es biólogo ambientalista y activista. Estuvo en Corrientes para disertar sobre el riesgo que representan los campos magnéticos.
En 1982 creó la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente (Funam), es profesor en su provincia, en la Universidad de Córdoba, y su trayectoria es reconocida mundialmente.
Exhausto por su intenso trabajo en Corrientes no rehusa a charlar sobre su pasión: el ambiente y el trabajo con grupos de resistencia.
“Tomé contacto con los vecinos por la instalación de una Estación Transformadora en las Mil Viviendas”, explica.
“Acá se tomó la decisión de avanzar con la obra sin hacer los estudios de campos magnéticos”, se queja.
“El análisis de impacto ambiental no contempla la ingerencia de los campos magnéticos, por eso el estudio debe ser invalidado. Además, no se consultó a los vecinos”, agrega.
“Dimos datos técnicos. Existen metaestudios que demuestran que la continua exposición a campos magnéticos que superen las 0,3 microteslas aumenta la probabilidad de leucemia infantil”, asegura.
En ese mismo sentido, Montenegro recuerda que se mantiene latente la posibilidad de construir un reactor nuclear de 15 megavatios en Formosa y no duda en que representará un alto riesgo no sólo para Corrientes sino para toda la región.
La propia presidenta Cristina Fernández de Kirchner ratificó en marzo que la obra se realizaría para que “se profundice la real integración de la Argentina”.
“El proyecto representa un posible riesgo nuclear que afectaría a Corrientes”, insiste.
“Nos enteramos que la Comisiones Nacional de Energía Ató-mica ratificó el convenio con el Gobierno de Formosa para la construcción de un reactor de 15 megavatios”, detalla.
“En su momento, el presidente de Paraguay (Fernando) Lago se manifestó en contra la obra”, recuerda.
Insiste en que “el reactor representa un riesgo y no hubo un debate en Corrientes ni otras provincias ya que en términos nucleares, la distancia es irrelevante”.
Anticipa que en los próximos días se conocería el lugar donde se realizará la obra. “El reactor se construiría en la costa de Formosa, sobre el río Paraguay”, afirma.
“La Central de Embalse en Córdoba o Atucha en Buenos Aires son instalaciones que no compensan el riesgo y el costo para la construcción reactores que producen menos del 7 por ciento de toda la energía del país”, analiza.
“Son instalaciones de altísimo riesgo. El impacto actúa en muchísimo tiempo. Los materiales radiactivos tiene una vida media de 240 mil años”, asevera.
Una inoportuna llamada interrumpe la charla, excusa perfecta para cambiar de tema y ahonda sobre la vida del activista.
Montenegro cuenta que lleva anotada todas las amenazas que recibió a lo largo de su trayectoria. “Recuerdo la peor. Me llama alguien muy agradable y me dijo que tenía información muy importante y empezó a nombrar a cada uno de mis 4 hijos, a qué escuela iban, dónde tomaban el ómnibus y en qué lugar hacían sus compras. Yo no entendía y no sabía qué decir. Para terminar, siempre muy agradable, me dijo ‘bueno solo eso le quería decir que tenga buen día’. No dijo nada más”, recuerda.
“Fue la peor amenaza, en ese momento trabajábamos en el tema de la mina de uranio de los gigantes”, indica.
Sobre sus primeros pasos como activista y biólogo, Montenegro detalla la experiencia que cambió el rumbo de su vida. “Me premiaron y elegí trabajar en el Nordeste semiárido del Brasil, uno de los lugares más pobres del Latinoamérica. Fui como investigador y volví como activista. La experiencia fue muy fuerte. Entendí que no podía separar el ambiente y las personas, que están superpuestas”, cuenta.
“Luego estuve Etiopía cuando entraban los rebeldes y no sabía qué sería de mi vida. Más tarde di una conferencia en Washington, en la Universidad de Yorktown, el 11 de septiembre de 2001. En medio de mi exposición veía como se quemaba el Pentágono”, concluye.


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