Ortega tuvo su despedida
Con invitados de lujo como Francéscoli, Ramón Díaz y Gallardo, el equipo de los amigos del Burrito venció al de glorias jujeñas. Para junio se espera un nuevo homenaje en el Monumental.
De un lado, Los Amigos de Ortega, con Francescoli, Gallardo, Hernán Díaz, Medina Bello, el Diablo Monserrat y Ramón Díaz en el banco. Y, del otro, el equipo de Las Glorias Jujeñas, con Mario Lobo como emblema y Francisco Ferraro de técnico. Con Héctor Baldassi -uno de los tantos amigos que el fútbol le dejó al Burrito- de árbitro, y con un partido que terminó 3-2, y en el que Ortega anotó dos de los goles de su equipo, el segundo de penal, y el otro fue de Francescoli, también desde los doce pasos.
Aquí, a 120 kilómetros de Ledesma, su pago chico, el Burrito vivió una de las noches más emocionantes que le regaló el fútbol. Los años pasaron, pero él sigue siendo el mismo. Es el niño que se pasaba horas jugando a la pelota en un potrero frente a su casa. Es el que a los 12 años escribió en un papel que iba a jugar en River y en la Selección. Es el que en la primera prueba en River, le alcanzaron 15 minutos para demostrar que iba a ser un crack. Es el que debutó en Primera hace 21 temporadas, cuando sólo tenía 17 años. Es el que fue multicampeón con la banda roja en los dorados años 90. Es el que jugó tres mundiales. Es el que se agrandaba cuando tenía la camiseta de Boca enfrente. Es el que se fue a Europa dos veces pero volvió a River para ser campeón. Es el que con sus gambetas endiabladas quebró más de una cintura rival. Todos en uno. "Estoy muy emocionado, esto es impagable. Este partido va a quedar siempre en mi corazón", afirmó mientras el "¡Olé, olé, olé, Burro, Burro!", sonaba de fondo como una melodía de agradecimiento por toda la alegría que le dio al fútbol.
Al recibir a sus ex compañeros en el hotel, sonrió como un chico que espera su regalo navideño. Repasó anécdotas mientras almorzaba tartas y fideos, como en los tiempos de jugador profesional. Se lo vio feliz y hasta "un poco nervioso", como él mismo confesó que se sintió en la previa. Sí, el viejo cosquilleo previo a los partidos también estuvo presente ayer para él. Antes, durante y después del partido se sintió a gusto ante la gente que lo vio nacer. Esa gente que le rindió tributo porque, como dicen acá en Jujuy, "Ortega es nuestro orgullo".
Fue una noche de fiesta y de emoción, pero no su última función. Quedará por delante su gran sueño, ése que espera que se concrete en junio y con las presencias de Maradona y Messi: decirle adiós al fútbol en el Monumental con más de 60 mil almas ovacionándolo con ese grito que sale del corazón de los hinchas de River: "¡Orteeega, Orteeeega!".

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