A Julio César lo que es de Julio César
numeros sobre Falcioni, le damn a favor.
Los insultos, durante el entretiempo entre Boca y Godoy Cruz, precipitaron el cierre del ciclo de Julio César Falcioni al frente de Boca. Fueron dos años intensos en cantidad de partidos, exitosos en la estadística y homogéneos en cuanto a resultados, críticas y nivel de juego.
Ser entrenador de fútbol es la profesión más difícil de la Argentina. Unas semanas atrás, previo a disertar en el Congreso de Líderes deportivos realizado en Buenos Aires, Sabella junto a los entrenadores nacionales de vóley (Weber) y básquet (Lamas) reflexionaban sobre el tema. Como aquí todos somos entrenadores, todos nos consideramos que sabemos de fútbol y sobre gustos no hay nada escrito. Los cuestionamientos para aquellos que dirigen llegan desde los lugares más variados y curiosos. Indudablemente, a Falcioni lo condicionaron los gustos.
Para analizar un proceso, es bueno saber desde dónde se partió y como se ha terminado. Cuando Julio César llegó a Boca, el equipo estaba a dos puntos de la promoción. Su antecesor se fue de la institución acuciado por los malos resultados, la tabla del promedio del descenso y diciendo que “dirigir a Boca era como hacer el amor con la ventana abierta”.
Dos años después, al momento de cerrar el ciclo, la situación es completamente diferente: Boca ha sido el mejor equipo en puntos de los últimos dos años, estuvo 37 partidos invicto, obtuvo dos torneos, llegó a la final de la Libertadores y la perdió con el Corinthians en una lucha de iguales.
En este tiempo, Julio César Falcioni demostró tener condiciones para dirigir a Boca. Seguramente hay gente a la que podrá no gustarle su propuesta de juego o su estilo de conducción pero cumplió con creces lo que se podía esperar de él. En el fútbol, como en la vida, no se le debe pedir peras al olmo, hay que aprovechar su sombra y su buena madera.
Cuando Falcioni llegó a Vélez a mediados de los 90 luego de una brillante carrera como jugador, para entrenar a los arqueros de divisiones inferiores, ya se vislumbraba que tendría un futuro como entrenador. Entre sus puntos fuertes, a mí criterio, se destacaba su previsibilidad en las formas y en las propuestas: con él no había sorpresas, sabías siempre que podías esperar y que no.
El paso del tiempo no lo cambió. En Boca terminó haciendo aquello que lo caracterizó durante toda su carrera: Frente a un dilema en el juego continuó resolviéndolo de la misma manera: priorizando el 0. Su equipo convirtió 134 goles y recibió 86. El ejemplo perfecto fue el torneo del Apertura 2011, donde se coronó campeón obteniendo el registro de valla menos vencida de la historia. Su ciclo xeneize se cerró con 47 partidos ganados, 37 empates y apenas 15 derrotas: todas campañas aceptable, buenas, o muy buenas y un interesante recambio generacional en el plantel. Nada distinto de lo que, en su momento, le aportó a Banfield y a Independiente.
Lo que lo condenó a Julio César no fue la pelea con Riquelme (pese a haberlo condicionado). Lo que lo condenó a Julio César fue el pobre nivel de juego. Algo que a él, probablemente, no lo haya perturbado pero a otros si. Su respuesta (ayer en La última palabra) sobre el cuestionamiento fue: “Hay gustos para todos. Algunos dicen que Boca juega mal, otros que juega bien, como a mí me puede gustar el café caliente y a otros, frío”.
Previo al partido del sábado, los dirigentes de Boca estaban conformes con Falcioni. Al César lo que es del César: sombra y buena madera. Desafortunadamente para él, la gente tiene hambre y quiere peras.
No hay comentarios:
Publicar un comentario