Tatuajes: un arte milenario que hoy posee un fuerte arraigo en la cultura correntina
El arte de tatuar no es un fenómeno actual que devino con las distintas tribus punk, rock o psicodélicas, más bien de un perfil alternativo. Se trata de una práctica que se remonta los inicios de las civilizaciones, en el período neolítico, edad de piedra más reciente cuando las poblaciones iniciaban su etapa de desarrollo con la agricultura y la ganadería. Tanto en la Polinesia como en el antiguo Egipto, fueron sinónimo de valentía, jerarquía social; de protección y magia.
Mucho más acá, en terreno taragüí hace unos tres años se advierte la presencia de mujeres y hombres exhibiendo este arte en el cuerpo. A pesar de ser considerada Corrientes una zona netamente tradicional, hay quienes aseguran que actualmente la comunidad local salió del closet, para incursionar no sólo en la ilustración de figuras tribales, de tradición o surrealistas, sino también en la incorporación de objetos, con piercings incrustados en rostro, ombligo, orejas labios y hasta los genitales.
“Con la llegada de los primeros calores se ha vuelto un boom”, dijo a época Sebastián Seniquel, tatuador con 12 años de experiencia en Corrientes y quien manifestó que desde ambos sexos y de todos los estratos sociales hoy en día, se interesan en lucir una figura que de alguna manera aporte identidad; o bien una mera moda estética que representa transgresión.
“Es algo que perdura para toda la vida, por eso los tatuadores, y por mi parte, cuando alguien viene con la idea fija de tatuarse y no sabe qué, incentivamos a que la persona piense; busque algo representativo, allegado a su entorno: familia, mascota o lo que sea que lo lleve a una idea. Por ahí quedan reflexionando, y dan cuenta de que es algo que llevarán para toda la vida”, explica desprovisto de toda formalidad.
Seniquel trabaja en un local ubicado por Artigas 1294, a cargo de Juan Cruz Hilikus, otro tatuador conocido en el ambiente correntino.
Actualmente el sector se expande y si bien hay entre 8 y 9 personajes destacados, por fuera del circuito formal, existen muchos que trabajan de manera independiente, a domicilio y con maquinitas amateurs. “Hay muchos chicos que se lanzan a incursionar en el tema, nosotros tratamos de asesorar y decirles que no se manden con grandes trabajos, que puedan salir mal y sean difíciles de recuperar. Además la calidad no se mide solamente por el hecho de tener una buena máquina, este es un trabajo que lleva años de práctica para tener experiencia”, dice.
Para Seniquel, tiempo atrás no había tanto interés por colorearse el cuerpo con distintas figuras. “Hace unos tres años se generó una especie de boom, ahora vemos por ejemplo que las chicas vienen sin temor y con la idea de hacerse algo grande en brazo, y piernas sin miedo a que se vea”, comenta para referirse a las famosas “mangas” que copan desde el hombro hasta el codo.
En esa sintonía hoy no sólo los jóvenes sienten la necesidad de plasmarse un dibu
jo. También lo hacen profesionales y hasta miembros de las fuerzas de seguridad, tal como refiere Seniquel. “Tenemos muchos clientes abogados o de las Fuerzas, es que entró mucho en la cabeza de la gente. En las Fuerzas Armadas por lo general tienen un poco de cuidado. Te piden algo limitado en el cuerpo, que tome cierto lugar del brazo, con una idea significativa de entrega a la Patria.



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