EL CASO DE LA “LIBERTAD”
Haciendo agua
Lo del buque insignia de la Armada Argentina retenido en Ghana es una muestra de la impericia diplomática y de la falta de previsión. El ‘sincericidio‘ del Ministro de Defensa, por pedido expreso de la presidenta Kirchner, resultó tardío, porque antes hubo renuncias y desplazamientos.
Por Ticky González
de la Redacción
Variadas y numerosas son las cuestiones que la Argentina mantiene con otras naciones, muchas de ellas irresueltas por impericia diplomática y, más que nada, por la soberbia de una gestión que cree que la mentada frase ‘vamos por todo‘ puede aplicar fácilmente, creyendo que haber accedido a la Presidencia con el 54 por ciento de los votos es todo un reaseguro.
Una de las cuestiones que hoy por hoy están en el candelero, es el caso de la Fragata Libertad, embarcación emblemática de la Armada argentina retenida en Ghana por obra y gracia de los fondos de inversión (más precisamente por NML Capital), denominados fondos buitres, que son entidades financieras que se ocupan de comprar papeles a bajo costo de economías en problemas y luego accionan judicialmente para el cobro total de los bonos más los intereses por los años adeudados.
En definitiva, la Argentina está pagando (léase embargo de la Libertad) las consecuencias de los incumplimientos repetidos de compromisos contraídos. Vale señalar que Ghana firmó la Convención de Viena y la Convención Internacional sobre el Derechos del Mar, que dice que los buques de guerra están protegidos por la inmunidad diplomática. Sin embargo un juez ghanés determinó recientemente que Argentina cedió esa inmunidad cuando emitió los bonos que hoy detenta NML Capital.
La propia presidenta Cristina Kirchner admitió que el país resignó ’la inmunidad’ de los bienes públicos cuando emitió deuda bajo jurisdicción extranjera.
Como era de esperar, el caso de la Fragata Libertad despertó la solidaridad de la región y la indiferencia de los países centrales. Esto no implica necesariamente que haya aislamiento internacional pero sí una diplomacia incompleta. En esto mucho tiene que ver que la presidenta Kirchner haya encargado, en el Ministerio de Relaciones Exteriores, una jubilación anticipada de embajadores con el fin de poner a la diplomacia argentina en línea con el actual ’modelo’.
La falta de experiencia de los promovidos o recién llegados está a la vista.
No obstante esto, la Argentina insiste con la estrategia jurídica de reclamar la inmunidad de la Fragata Libertad.
Inclusive, el ministro de Relaciones Exteriores Héctor Timerman cuestionó al gobierno ghanés por no haber logrado una reversión del fallo, en lo que sería una intromisión de un poder sobre otro.
Tardío reconocimiento
Casi inmediatamente de haber estallado el caso de la Fragata Libertad comenzaron los interrogantes y la búsqueda de los responsables de la organización del viaje de la nave argentina. Se supo, por ejemplo, que el vicecanciller Eduardo Zuaín recomendó no pasar por puertos europeos, precisamente por la acechanza de los fondos buitres, pero no objetó el cambio de Nigeria por Ghana, recomendado por la Armada.
Desde la retención -ahora no tanto- en Ghana de la Fragata Libertad el pasado 2 de octubre, se produjeron pases de factura, acusaciones y elucubraciones, sinónimos de la impericia gubernamental en tratar con responsabilidad una cuestión que puede volver a repetirse con otras naves y, quizás, en otros países.
Las autoridades del Palacio San Martín, por ejemplo, acusan a la Armada de haber ordenado un erróneo cambio de itinerario de viaje, e incluso sospechan que la modificación fue adrede para perjudicar al Gobierno.
Sin embargo, toda la atención se focalizó en el Ministerio de Defensa, a cargo de Arturo Puricelli, quien -se dice- puso su renuncia a consideración de la presidenta Kirchner.
Por este caso renunciaron la jefa de Inteligencia Militar, Lourdes Puente Olivera, y el jefe de la Armada, Carlos Alberto Paz, en tanto que fueron desplazados dos marinos de rangos más bajos. Algo más de veinte días después de la decisión ghanesa de retener a la Fragata Libertad, al ministro Puricelli le dio un ataque de ‘sincericidio‘, quizás dolido por las renuncias y desplazamientos.
El funcionario terminó por reconocer que su cartera planificó el viaje de la Fragata Libertad a Ghana y se hizo ’responsable’ por la retención de la nave en África.
’El responsable de la Fragata es el Ministerio de Defensa. La Cancillería tiene su responsabilidad porque se la consulta, pero las responsabilidades se definen por la presidente de la Nación, y yo asumo las que me corresponde’, resaltó Puricelli. Dicen que su ‘sincericidio‘ fue por expreso pedido de la jefa de Estado. Mientras que el canciller Timerman aseguró que la administración nacional va a ’recuperar’ la Fragata Libertad, de la misma manera en que se recuperaron ’todos los bienes del Estado’ embargados por fondos buitres, la presidenta Kirchner fue más dura y concreta.
Al hablar por cadena nacional el 22 de octubre, Cristina Kirchner sostuvo que ’mientras’ sea Presidenta ’se podrán quedar con la Fragata, pero ningún fondo buitre se va a quedar con la soberanía y la dignidad de este país’.
Lo cierto es que, lamentablemente, por un litigio judicial del país con fondos ’buitres’, el buque insignia de la Armada sigue retenido en Ghana.
Para colmo, la corbeta Espora de la Armada argentina, que permanece amarrada en el puerto sudafricano de Ciudad del Cabo por un desperfecto, podría correr la misma suerte que la Fragata Libertad.Para evitar estos ‘dolores de cabeza internacionales, el Gobierno nacional deberá cumplir con los compromisos asumidos, dejar de lado la soberbia y aceitar las relaciones bilaterales. Por ahora, a nivel mundial, la Argentina está haciendo agua.

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