La presidenta en manos de Dios
06/09 – 10:30 – La seguridad presidencial es una cuestión de Estado. Cualquiera que esté alrededor de un mandatario tiene que saber el abc del protocolo de seguridad que se debe aplicar en función de preservar la vida de él/ella y su familia.
El fallo de la turbina del Boeing presidencial, desató una gran guerra
interna en el gobierno, en la Casa Militar, entre los responsables técnicos y en
los niveles decisorios que deben sostener la inversión para que tanto el
presidente como su familia, tenga absoluta seguridad en vuelo o al menos, se
minimicen los riesgos.
En EEUU, previo al despegue del Air Force One se pone atención en los mínimos
detalles, hasta el hecho de que una cuadrilla de personas afectadas al despeje
de la pista, recorren el trayecto de despegue para liberar del camino, cualquier
objeto que se pueda interponer. Hasta ahí llega el celo profesional con que se
encara la seguridad presidencial. Ni hablar de los preparativos previos, el
chequeo de los instrumentos, las pruebas de vuelo, la seguridad en los escalones
de mantenimiento y el presupuesto que tiene asignado la flota de comunicación y
movilidad del presidente, el cual se ejecuta en su totalidad y tiene prioridad
la renovación de equipamiento, la profesionalización del personal y el acceso a
las últimas tecnologías.
En Argentina no. La seguridad presidencial en nuestro país está atada con
alambre. Podríamos decir que la presidenta está en manos de Dios. Con máquinas
fatigadas, presupuesto canibalizado, corrupción mediante y con las prioridades
puesta en pelear con periodistas y opositores, la propia presidenta cría su
propio “incubus”, un monstruo que, con distintas caras, la pone a ella y a su
familia al borde de la catástrofe y lo que más enoja al entorno, sin que la
propia mandataria conozca cuál es el verdadero estado de los aviones que la
transportan, es que todas estas cosas salgan a la luz.
La falla del Tango 01 no es hecho más, es un llamado de atención, como las
señales previas que dieron los metales antes de la tragedia de 11. Una vez más,
la seguridad de la mandataria, que en una cuestión de Estado, estuvo a un paso
de ser puesta en el punto de no retorno, a partir del cual ya no existe otra
cosa más que el lamento y las divagaciones de lo que se podría haber evitado si
se hubieran hecho las cosas bien.
Recordemos que cuando falleció el ex presidente Néstor Kirchner, su equipo
médico, liderado por el Dr Buonomo, no hizo lo suficiente y básico para prevenir
una emergencia médica ante un paciente de riesgo, como era la simple ubicación
en proximidad de la casa en El Calafate, de una Unidad coronaria con un médico y
un desfibrilador. Tal vez el destino, ya tenía decidido que aquella fecha del 27
de octubre de 2010 Néstor Kirchner debía partir; pero nadie hizo lo mínimo
indispensable, desde la seguridad presidencial, para pelearle a ese destino, la
batalla final.
Para el actual gobierno y los secuaces que hacen caja con los dineros
públicos, es más fácil atacar al periodismo que descubre y pone en valor sus
falencias y sus ineficacias como administradores de la cosa pública y
responsables de la seguridad presidencial, que proteger a la presidenta. Las
cortinas de humo, a veces, solo buscan nublar los ojos de la gente, para tapar
la realidad que circunda al poder; esperemos que en este caso, a pesar de la
niebla que siembran, no escuchemos el ruido que hace un avión al caer.

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