Translate

viernes, 12 de octubre de 2012

El tiempo pasa, el sexo cambia

El cuerpo, el entorno, la estabilidad de las relaciones y el tiempo disponible son variables que juegan su papel a la hora de definir las relaciones sexuales. Y la adaptación implica novedades que muchas veces entusiasman.
 
A veces, dice Leandro, extraña el vértigo de hacer malabares para salir con dos o tres chicas entre jueves y domingo: ir a tomar algo, o a bailar con sus amigos y las amigas de la chica, y después terminar en alguna casa que estuviera vacía de padres o en un hotel alojamiento para tener relaciones con su cita de esa noche, con la que probablemente no dormiría. “Fue a los 17 o 18 años, y aunque objetivamente no haya pasado tanto tiempo –Leandro tiene 31 ahora- las cosas cambian muchísimo”, reflexiona.

Es que ya no tiene que buscar casas vacías ni compañeras ocasionales: vive desde hace dos años con su novia en un departamento de Almagro, y entre todos los cambios que transcurrieron en más de una década, la manera de vivir el sexo fue uno de ellos: “En esos tiempos las cosas que importaban eran otras; creo que en principio no estás tan pendiente de que la persona con la que estás la esté pasando tan bien como cuando sos más grande, es como si fuera un acto más egoísta, tal vez porque conocés menos a esa otra persona, porque no estás enamorado, no sé; y además, tener relaciones con alguien es algo mucho menos íntimo que más adelante, te estás vistiendo y ya te vas armando la anécdota para contársela a tus amigos, que tal vez están en la habitación de al lado”, recuerda. Para él, la adolescencia hace que todo se viva de manera más colectiva: las chicas, las salidas, las idas a la cancha, los gustos por la ropa, todo.

“Lo que extraño de esas primeras épocas del sexo tal vez sea eso, compartir experiencias con mis amigos, eso me causa cierta nostalgia porque ahora funcionamos de otra manera, por tener menos tiempo… y más criterio”, se ríe, y agrega: “Pero era divertido vivirlo todos juntos; aunque me quedo con cómo vivo el sexo hoy, con mi pareja, con mucha más intimidad y más cuidado por el otro, con más amor, es algo muy distinto y creo que corresponde a diferentes momentos de la vida”.

Alicia tiene 52 años y dos hijas mujeres, una de 23 y otra de 26 años, de cuyo padre se divorció hace diez. “La manera en que mis hijas han tenido relaciones durante sus primeras experiencias fue muy distinta a la de mi época, que a la vez fue diferente a la de la generación de mi madre. Es notable cómo se fueron liberando tantas barreras y prejuicios para que el rol de hombres y mujeres en el sexo se fuera equiparando, y reconozco que al principio a mí me resultaba chocante, no malo, pero sí impactante escuchar algunas cosas”, dice.

Hoy, en pareja nuevamente desde hace dos años, trata de aplicar ese espíritu desprejuiciado que sus hijas le contagiaron: “Me cuesta, porque una ya se siente grande y la liberación que viven mis hijas tal vez tenga que ver con su edad, yo ya pasé los cincuenta… pero aún así en esta nueva etapa trato de relajarme más, no estar tan pendiente de tabúes que tenía antes como no hacer ruido cuando no hay nadie en mi casa; era como ponerse un límite sin sentido, y ahora trato de no hacerlo más”, cuenta.

La intimidad de la que goza Leandro también está entre los valores que destaca Mario, que tiene 54 años y 32 de matrimonio: “El cuerpo ya no es el de antes, y al principio uno se pelea con eso, pero después convivís con esa nueva realidad y disfrutás de otras cosas. Cuando empezás a tener sexo importa cuántas veces te la aguantás, es tema de charla y hasta de competencia abierta con los amigos. Pero después eso se pasa, y lo que importa lo sabés vos y tu pareja, puertas adentro, se disfruta de la calidad de las cosas, del tiempo, en medio de un día enloquecedor, para estar juntos, mimarse”, explica Mario, que es comerciante.

En el imaginario, especialmente en el que construye ficticiamente la publicidad, tener relaciones es algo bien propio de los jóvenes, perfumados, recién bañados, con camisa nueva o maquillaje inmejorable. Pero más allá de esa idea, el sexo convive durante toda la vida con quien quiera tenerlo: es cuestión de vivirlo con la conciencia de que el tiempo impondrá nuevas prácticas, tan disfrutables como esas que despiertan memorias varios años después.

No hay comentarios:

Publicar un comentario