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El 30 de marzo, cuando cumplió 41, Alejandro Borensztein –a
cinco meses y veintiseis días de noviazgo– le propuso matrimonio y maternidad.
“No fue el primero, pero sí el único al que le dije ‘sí’”, asegura Canosa. Cómo
la sorprendió. Qué la convenció. Y su redefinición de “estar en pareja”,
leitmotiv de su próximo libro, ¡Viva el amor!
Aceptó iniciar una familia. Y el “sí, quiero” no hizo más que validar la
madurez que –desentendida del azar y la lógica cronológica– jura haber logrado
recién a los 40. Tamaño proyecto –inédito y concluyente– “es consecuencia de la
plenitud”, explica algo mezquina (por ahora) respecto del trabajo interior que
le valió “aprender a vivir”, compilado en su libro Basta de miedos. Viviana
Canosa (41) apuesta al matrimonio con Alejandro Borensztein (54), hijo y
productor de Tato Bores, guionista, arquitecto y además, el mentor de su deseo
de ser madre. Rec a una charla íntima en la que la gran voyeur del espectáculo
re–teorizará sobre el amor, al que aconseja vivir “con libertad, diálogo,
piropos y ojos cerrados”.
EL TRAILER DE ESTA HISTORIA. Amiga de Viviana y prima de Alejandro
–cómplices en la trama– presumen compatibilidades y urden la presentación. “El
va a llamarte”, anuncia la amiga. “Sabés que no hago esas cosas”, contesta la
protagonista, entonces recientemente separada. Atiende. Nunca se habían visto
(aunque tiempo después él confesará que quedó “flasheado” al cruzarla en un
evento en el que ninguno de los dos estaba solo). Durante un mes “todo fue
telefónico”. El, por galantería –disfraz de su interés–, escucha cada capítulo
de aquella desilusión por la que ella decreta: “Basta de hombres y de sufrir”.
Los encuentros de voz son “una linda transición, sin expectativas”.
Para él, un desafío: con risas, desarticula la angustia y se la devuelve en
sitcom. Primera cita: 4 de octubre de 2011, 20:07, lobby–bar del Alvear Palace.
Casi un trámite. Conversación amena, que ella deja con prisa. En las escaleras
no olvida un zapato de cristal, sino su escepticismo. El resultó ser más alto y
“más guapo” que en la foto de Google. Para ella, volver a enamorarse ya no sabe
a delirio. Así, cuando la mucama duerme, comienzan las visitas de alcoba con
sabor a clandestinidad.
“El me conoce en cama, en pijamas, tosiendo y disfónica: mis típicas alergias
de cambio de estación. Sólo yo sé que cada noche, después de las once, me toca
el timbre”, dice ella. Y este avance del gran film termina en confesión: “Hasta
aquí quería seguir viviendo en ese estado de la nada misma, enamorar a alguien y
sólo dejarme amar. Pero a los dos minutos estaba hasta las manos”.
–Y cinco meses más tarde, la propuesta... –...Todo tan fuerte como
insólito. El día de mi cumpleaños (30 de marzo), mi ex (el conde Bruno Laurent
Philippe Barbier, su novio durante año y medio), aun sabiendo de mi noviazgo,
cayó en casa con alianza y dos propuestas: “Casate conmigo y tengamos un hijo”.
Durante esa noche especial que pasamos con Ale en el Duhau, se lo conté. El ya
tenía el anillo para ofrecerme exactamente lo mismo, pero le pareció too much y
decidió guardarlo. Una semana después, medio que discutiendo le hice una
pregunta; se levantó, sacó el cofrecito y dijo: “Quiero todo con vos”. Así fue.
En mi vida me había puesto una alianza, porque descreía del matrimonio, aunque
mi psicóloga asegura que todo lo que siempre hice fue para escuchar eso.
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